He notado que entre las diez y las once de la noche me suelen pasar cosas que me transmiten cosas que me generan cosas de las cuales después me dan ganas de escribir.
Mi hija duerme en la habitación que la recibió después de salir del hospital donde nació. Duerme en la misma cama en la que probablemente la concibieron sus padres (podría equivocarme).Minutos antes, la monitoreábamos a través de video llamada. De un segundo a otro despertó y manifestó incomodidad. Al notarlo, su se paró del tapete en el que descansábamos desnudos después de una sesión pasional de intercambio de amor. Yo me quedo en el tapete.
Escucho que a lo lejos mi hija llora interrumpidamente. Hace silencio, solloza. Silencio de nuevo, llanto, llanto interrumpido. Llanto in crescendo, se mantiene. No deja de llorar. No me paro a hacer nada, me limito a escuchar.
Minutos después recibo mensajes de texto de su madre pidiéndome que prepare un bibi y que le lleve a la habitación el medicamento que podría calmar el malestar.
Llego a la habitación y le pregunto a mi mujer qué tiene mi hija, me dice que probablemente sea el estómago porque se le siente duro. Sigue el llanto, ahora interrumpido.
Antes de entrar a la habitación tomé la medicina que normalmente ayuda en casos como este: Espaven Pediátrico. Pienso para mí y silenciosamente le doy gracias a la marca que la produce que crearon este medicamento porque funciona, hace la chamba, resuelve.
Mi hija no deja de llorar, pero ahora es por el malestar que siente después de la imposición ejercida para tomar el medicamento.
Llora pausado. Llora desconsolada. Llora mesuradamente, entrecortado. Su mamá la carga para consolarla. Mi hija simplemente no lo percibe así. Quiere una solución al malestar inmediata, también quiere protestar por la imposición de un medicamento que no disfruta digerir, aparentemente.
No hay mucho que hacer hija, a nadie nos gusta tomar medicamento, pero esta es una de las cosas que aprenderás, con el tiempo, se tienen que hacer aunque no nos guste ni lo disfrutemos. Por nuestro bien.
Me salgo de la habitación, el llanto desconsolado regresa. Me viene a la mente que últimamente he notado que reacciona así a la ausencia parcial o total de alguno de sus padres. Me ha llamado la atención que últimamente ese llanto también ha sido dirigido a mí. Me halaga.
Me salgo de mi cabeza, noto el llanto y regreso con una hipótesis entre cejas. Extiendo los brazos porque quiero cargarla e intentar consolarla. Mi hija todavía en los brazos de su mamá voltea a verme y reconoce mi intención. Entre llanto y sollozo responde extendiendo sus brazos también. Amo ese gesto.
La recibo entre mis brazos, ella se acomoda. Mientras se mueve confirmo mi hipótesis. El medicamento está funcionando para el dolor abdominal, ahora llora menos, pero también noto que el abrazo forma parte de la ecuación. Entiendo inmediatamente que m hija quería ser consolada por sus padres para sentirse mejor.
Mientras la sostengo analizo la escena y me percato que a estas alturas es confuso identificar quién está sanando el malestar de quién. Por un lado la cargo para hacerla sentir mejor, por otro ella me abraza con fuerza y me transmite paz, tranquilidad y amor. Se siente magnífico ser su papá.
Espero, hija, siempre tenga la dicha de ser abrazado con la misma fuerza con la que me abrazaste hoy. Siempre, no importa el día y la hora, serán bienvenidos esos abrazos.
Es la 1:48 A.M, el silencio se apoderó de este lugar. Algunos duermen, mientras otros teclean sobre la dicha de ser papás.

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