sábado, 2 de marzo de 2024

Dominga Kombucha

Son las once y algo de la noche. Estoy en la mesa del comedor. A mi derecha tengo seis empaques de Smiley Kids que recién compré para mi hija mientras hacía súper, a la izquierda hay una botella de Dominga Kombucha a punto de vaciarse.

Hoy fue un día interesante. Físicamente, debería de estar en otro lugar del país, pero estoy aquí escribiendo, nuevamente, desde mi casa. Reflexiono sobre mi día. Dormí dos horas de viernes para sábado por clavarme en algunos pendientes que tenía del trabajo. Me desvelé pues. Un rato después abría los ojos y me daba una ducha para despertar, alistarme y dirigirme al aeropuerto con mis mujeres.

Teníamos un vuelo que tomar pasadas las 9am. Llegamos al aeropuerto, hicimos check-in, todo iba bien. Ya estábamos ahí. Nos dio hambre, buscamos algo rápido qué comer. Mi hija se comenzó a desesperar y por practicidad nos quedamos en una de las salas cercanas al desespero, esperando a que se asignara la sala para abordar. 

Por alguna razón, creímos que la puerta asignada desde el inicio cambiaría porque asumimos que la puerta que habían asignado no era la definitiva. Según nosotros todo iba bien, hasta que se me hizo raro ver que no cambiaba. Ya pasada la hora definida para el abordaje, el resto de la anécdota es más que evidente: perdimos el vuelo.  

Tal vez estábamos muy cansados. Tal vez ocurrió por distraídos. Tal vez una mezcla de ambos. Quién sabe. El punto es que perdimos el vuelo y obviamente nos sentimos súper mal al respecto. No tuvimos otra alternativa más que regresarnos a casa, un poco derrotados.

Podía comprar un vuelo para más tarde, pero salía carísimo y decidí no hacerlo. Creo que uno tiene que aprender a lidiar con las consecuencias, aún más cuando son metidas de pata. También creo que si los motivos de viaje no son mega urgentes o cruciales, uno puede optar por programarlos para después.

No soy una persona que le compre seguro a los vuelos. No creía en ese margen de error que cubre un seguro. Antes de hoy, y desde hace algunos meses, veía la vida de una forma muy lineal, sin tantos grises y matices. Hoy fui parte de ese margen de error y probabilidad de que algo saliera mal y ocurrió.

Irónicamente, ahora creo en los seguros. Ja.

En su  momento me molestó todo este acontecimiento porque normalmente no me confío y estoy encima de las cosas que considero importantes o que simplemente merecen atención extra, literal estoy encima de ellas, para asegurarme que ocurran como se espera y haya un resultado exitoso, pero no fue el caso esta vez, y creo que eso fue lo que más me dejó pensativo y frustrado.

Los errores pasan, lo tengo súper claro, pero no por eso me gustan. Hoy me sentí tonto y descuidado. Por confiarme y "bajar la guardia", perdí un vuelo (otro vaya, no es el primero). Podría desarrollar más cómo me sentí y me siento al respecto después de reflexionar todo esto, pero optaré por no hacerlo. Fue un error y ya, que me sirva de lección para ser más cuidadoso en el futuro.

También creo que hay otra perspectiva: las cosas pasan por algo. Quién sabe. Tal vez no debíamos tomar ese avión, volar y estar en ese destino. Tal vez tengo cosas pendientes y la vida quiere que me encargue de eso primero. Quizas no era el momento para viajar y todo se decidió al último minuto.

Espero que la vida me permita ver con el tiempo si este error significó algo o si fue simplemente un error y la lección es estar más atento, no confiarme y no distaerme. En fin.

Cierro esta entrada con una melodía muy ad hoc a la anécdota. Esta vez se trata de "Holiday Flight" de John Williams, utilizada en la escena de la película "Mi pobre angelito" donde van corriendo por el aeropuerto para alcanzar el avión porque se les hizo tarde por haberse levantado tarde. 

Me alegra que ellos sí lograron abordar su avión.







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