Para los que, como yo, son padres de una niña y andan buscando qué película ver con su hija, les recomiendo KDH. Se la van a pasar bien y ellas probablemente se sientan identificadas con los personajes.
Lo que me gustó de KDH es que la música está pegajosa y los temas a reflexionar después de ver la película pueden ser interesantes y dar lugar a conversaciones sobre la identidad y la aceptación de sí mismas, entre muchas otras cosas.
Yo, como knowledge worker home-officero, estoy teniendo un viernes lleno de juntas, tantas que parece lunes o martes, yo creo que más martes, porque literal no he parado desde que me conecté a trabajar.
Y mientras me acuerdo de las KDH y tarareo Golden...
(We're goin' up, up, up, it's our moment. You know together we're glowin'. Gonna be, gonna be golden)
[...] pienso que quisiera tener unas Kpop Hunters como Rumi, Mira y Zoey para perseguir y cancelar reuniones, la verdad.
Y las quisiera porque no me gustan tener muchas reuniones en horario laboral. Jamás me cansaré de decirlo. Virtuales o en persona. NO ME GUSTAN, NO LAS DISFRUTO, ME FRUSTRAN.
Entiendo por qué son necesarias, pero también siento que muchas de ellas se vuelven contraproducentes cuando rebasan cierto número o frecuencia.
Siento que en estos tiempos, y probablemente derivado del trabajo remoto, uno se reune más.
Juntas aquí, juntas allá, juntas urgentes, juntas mega urgentes, juntas críticas, juntas ad-hoc, juntas de las juntas, juntas para juntas que surgieron por otras juntas.
Juntas de seguimiento, juntas de alineación, juntas que ameritan más juntas, juntas, juntas, juntas y más juntas.
Nos reunimos tanto que nos queda poco tiempo para hacer trabajo de calidad, trabajo enfocado, trabajo real y tangible.
De antemano una disculpa por haber hecho de esta publicación un rant.
Feliz viernes para todos, ojalá salgan temprano y pisteen un ratito para relajarse y dormir mejor.

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