Ese elefante rosa es mi segundo divorcio y siento que después de ya casi 4 años del evento, hay un par de cosas que decir y aclarar, principalmente para que no exista únicamente la versión de la historia donde el malo siempre soy yo.
Y lo quiero aclarar porque me siento en la necesidad de usar mi derecho de réplica. Es más, el tono de esta publicación no será en primera persona, como normalmente acostumbro, esta publicación será una carta abierta a mi ex esposa, ella sabe quien es y cómo encontrarme.
Comencemos.
Hola. No te esperabas una carta abierta ¿verdad? bueno, por única vez me tomaré la molestia de escribirte en un espacio que reservo para mí.
Antes de todo lo que se viene a continuación, quiero agradecerte por cuidar a los niños (mascotas) y cuidar de mi casa. No me he querido meter ni molestar porque sé el amor que les tienes a los animalitos y que si no fuera por esa casa ni tú ni ellos tendrían donde vivir, así que gracias de corazón.
Ahora sí, al punto. Quiero comenzar aclarando que entiendo que la forma en la que me fui no fue la más elegante, ni la mejor para tu salud mental, física o económica. Todo lo contrario. Entiendo que pasaste por etapas severas de estrés y desgaste.
Sé que la última vez que discutimos fue para no volvernos a dirigir la palabra, y que si bien no me alegra que haya terminado así, creo honestamente que era la mejor forma de que cada quien tomara su camino y encontrara algo mejor que hacer que estarse desgastando emocionalmente por una relación que ya estaba a la deriva.
Nuestro matrimonio dejó de ser un matrimonio sano mucho tiempo antes de que yo me fuera. Mi partida nada más fue la punta de un témpano de incomodidad e insatisfacción que llevaba acumulando desde el inicio. Vaya, era el otro elefante rosa en la habitación de esa entonces. Elefante del que hablaba en la terapia a la que terminé yendo por creer que yo era el malo de la relación que teníamos, como siempre.
Debo confesar que pretendía quererte y estar bien contigo. Y lo hacía para llevar la fiesta en paz. No sé si te acuerdas, estoy seguro que sí, pero a la fecha no olvido esa noche en la que me atacaste con un cuchillo de cocina a mitad de la noche en la calle porque no pudiste manejar bien una de tus crisis de enojo, y después te inflingiste daño físico en brazos y piernas encerrada en el baño.
No sé quién más lea esto, pero para el que lo experimenta son vivencias fuertes. Nadie supera algo así. Yo no lo he hecho y me rehuso a olvidarlo. Si bien no creo que haya sido necesario todo eso, entiendo la desesperación y la frustración, pero NADIE quiere vivir con alguien así tampoco. Simplemente porque no es sano.
Y no importa si después uno vaya a terapia, 'sane' y pretenda que todo está bien. Así la gente diga que ya cambió, siempre existe ese riesgo latente de volver a despertar ese monstruo interior. Después de ese día, aprendí que debía mantener mi distancia, para no salir herido o en el peor de los casos: muerto.
Y bueno, quién soy yo para hablar de arranques ¿no? Yo sé que no fui, ni soy probablemente, la persona más estable del mundo, no creo que eso exista tampoco, pero dos personas con una personalidad tan guerrera y violenta (como la nuestra) no deberían de coexistir bajo el mismo techo, es más, creo que ni siquiera deberían frecuentarse.
Caes bien, en la medida en la que uno no conoce tus demonios internos. De nuevo, como todos en el mundo (supongo). Y qué hablar de los míos. Creo que te tocó conocer a varios de ellos que ni yo sabía que existían. No entiendo cómo, pero silenciosamente encontraste la fórmula perfecta para que se manifestaran.
Mientras escribo esto también reflexiono y se me repite una idea constantemente: nos conocimos en tiempos incorrectos. Tú persiguiendo sueños, yo tratando de definirme y transicionando a la adultez. Casi de la misma edad, pero con mentalidades distintas, con planes de vida y personalidades incompatibles. Fuera de tiempo. Funcionando a medias. Asíncronos.
Por lo anterior y otras razones creo que estuvo bien que nos separáramos. Personalmente creo que estábamos a nada de terminar en una comisaría o algún reclusorio. Los empujones, la humillación verbal bilateral y las constantes confrontaciones no nos llevaban a ningún lado. Lo nuestro ya no era un matrimonio, era una guerra constante sin propósito, un circo de apariencias donde pretendíamos ser felices sin serlo.
Atesoro (con pinzas) las cosas buenas. Claro que no todo fue peleas y discusiones. Hubo aprendizaje e intentos de romanticismo también. Obviamente no voy a ahondar en eso ahorita. Agradezco los sacrificios, la paciencia y los gestos de amor que recibí de tu parte. Siempre los guardaré con el cariño que merecen.
A pesar de todas las cosas que has dicho sobre mí en redes sociales, y la forma tan despectiva con la que te refieres a mi nombre, creo que fuiste una esposa dedicada y que en serio lo intentaste; también que eres una gran mujer, con mucho potencial, determinada y capaz de hacer lo que se proponga.
Simplemente no creo que seas, ni hayas sido, la mujer para mí. Y claramente tampoco yo tu marido, qué va. No necesitabas a alguien tan contrastante y polarizante como yo en tu vida.
Por otras personas me he enterado que te ha ido muy bien desde que dejé de estar en tu vida, que has vivido del modelaje como te lo propusiste (cosa que yo la verdad nunca aprobé ni disfruté) y en otras actividades también. Enhorabuena, eso es exactamente a lo que me refiero con tu capacidad.
Sin mí te fue mejor, mucho mejor, de eso se trataba todo esto.
Entiendo que te haya afectado mi partida, pero tampoco íbamos a ningún lugar estando juntos. Creo que deberías de adoptar esa óptica porque ¿para qué estar juntos si no estás bien con tu par?
Si algo he aprendido en estos cuatro años de mantener silencio sobre nuestra relación es probablemente desde el inicio nos tuvimos que quedar solamente como amigos, de esos que se saludan de vez en cuando y se alegran por las cosas que el otro logra, de lejos, nada más. Novios no, esposos tampoco.
Pero, erróneamente, en mi afán por querer 'cumplir' con compromisos sociales y personales, como quien tiene pendientes en una lista y busca cumplirlos con prisa, quise encajarte a como diera lugar y salir de esos compromisos a prisa. Garrafal error.
Nadie debería de encajar ni andar participando en la agenda de otro para cumplir requisitos personales porque siente que lleva prisa todo lo contrario.
Hay compromisos, como el matrimonio, que no solo se basan de convivencia sana sino y casi completamente de afinidad, requisito que tú y yo carecimos. Pero bueno, eso fue un aprendizaje que me dejaste, creo que el principal.
Yo puedo afirmar y confirmar que encontré al amor de mi vida después de ti. Y puedo confirmártelo porque vivo, experimento y aprendo sobre el amor que únicamente una una relación sana puede emanar.
Y no, no me jacto de esto con el afán de restregártelo en la cara, para nada, simplemente el amor de mi vida no fuiste tú, así me forzara a decírtelo o creerlo cuando anduvimos y está bien decirlo, para evitar confusiones.
No tengo más cosas que decir. Tampoco siento que si queda algo por decir sea relevante. Nada más te quería escribir, sobre todo para no dejar únicamente tu versión de la historia sobre la mesa.
Porque todas las historias tienen al menos dos versiones. Llevas años haciendo ruido con la tuya, ya era hora de que la persona de la que tanto te quejas te respondiera, todo respetuosamente y con afán de replicar, nada más.
No busco saber de ti, no espero saber de ti, no me interesa saber de ti, no espero una respuesta tuya, no la quiero. Suficiente sé sobre lo que has dicho de mí como para esperar que algo maduro, bueno y razonable salga de tu parte.
Pero de la misma forma en la que hiciste una serie de TikToks de 'history time' exponiendo situaciones privadas que nada más a ti y a mí nos concernían (que aprovecho para recordarte que no es 'history' sino 'story') yo me tomo la molestia de salir brevemente del silencio y responderte, por el bien mental mío y el morbo de tu público vulgar. El mío ya sabe qué tipo de persona soy, así que no les sorprende nada de lo que has contado, pero los entretienes :)
No me arrepiento de nada. Nos ha ido mejor desde que nuestra relación se acabó y me alegra que así sea. Y ojo, yo NO te dejé por alguien, nuestra relación estaba a nada de acabarse, de mi lado ya lo había hecho, pero sólo esperaba el momento adecuado para salir por esa puerta grande por la que tantas veces te pedí salir.
Gracias por enseñarme y mostrarme cosas, principalmente las que NO quiero en mi vida. Te deseo paz, prosperidad, salud, madurez y progreso.
Atte, Fer.
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