Ayer sufrí un accidente. Derivado del golpe que se llevó el carro en el que iba tendré que cambiar mi estilo de vida y reconsiderar seriamente volver a manejar por un buen tiempo.
El golpe no solo fue al vehículo, también me hizo reconsiderar mis hábitos, creencias, formas de trabajar.
Y no, no iba manejando como loco, ni distraído por el celular mientras manejaba, nada de eso.
Iba de lo más tranquilo, cantando una canción de Alejandro Fernández (el potrillo) que acababa de comenzar a reproducirse y cambiándome de carril porque el izquierdo estaba bloqueado por un camión de basura que iba recogiendo las bolsas que dejó el personal de limpieza.
Ni para qué relatar el accidente, no hace falta revivir eso, pero es hora que me duele la espalda baja y no soporto estar sentado mucho tiempo por una vieja desesperada me pegó por atrás por voltear a ver hacia atrás y acelerar sin percatarse que todos estábamos haciendo fila y avanzando despacio por el carril que estaba cerrado.
Ni modo, ya pasó, afortunadamente el accidente no pasó a más. Me encuentro casi entero, pero la espalda no me quedó bien por la forma en la que mi vehículo absorbió el impacto. Tampoco es que a mis casi 36 estuviera en perfecto estado.
Lo anterior me dejó reflexionando. Sí, sí, tal vez fue un accidente leve, pudo haber sido peor, pero las consecuencias del accidente no me dejan en paz, porque:
1. La reparación del vehículo me dejará sin poder circular porque es el único vehículo que tengo para hacer vueltas personales, de trabajo y familiares.
2. El tiempo perdido después del accidente, durante reparación y en el hospital nadie me lo regresará. Para mí es tiempo perdido, tiempo de gestión de trámites, que no quería usar para eso.
3. Dependía de mi vehículo para hacer dinero extra, ahora eso se pausó indeterminadamente.
Lecciones aprendidas
Hacerle caso a la intuición. Y tal vez no me voy a extender mucho en esto, pero de alguna u otra forma sabía que esto iba a pasar. Hubo voces y pensamientos que me lo advirtieron en los últimos días, simplemente las ignoré y no fui lo suficientemente precavido.
Debo encontrar otras formas de hacer dinero que me expongan menos. Está bien emprender, está bien salir a entablar nuevas relaciones, cazar nuevos clientes, me gusta eso, pero una vez gestionada la relación de negocios, debo tercerizar la logística. Evitar exponerme mantiene el negocio al largo plazo, exponerme lo pone en riesgo.
La vida de negocios que dependen del movimiento en la calle está cabrona. Jugarle al emprendedor puede salir caro si uno no tiene un plan bien establecido, al menos las nociones de cómo hacer que funcione. Exponer uno sus propios medios y recursos sale caro y contraproducente. Tengo que aprender a planear mejor mis movimientos.
Conclusión
Probablemente hay más cosas por escribir, pero esas son las que me orbitan la mente en este momento. Estoy cansado y moralmente triste, pero al menos sigo vivo y relativamente en estado óptimo.
Tal vez no todo parezca tener un aprendizaje, pero prefiero encontrarle uno para no sentir que nada más tuve un accidente. Al final de cuentas mi carro será reparado y pues eventualmente estaré cómo antes, andando como si nada hubiera pasado, o al menos eso espero.
Agradezco la atención y tiempo que recibí de mi cuñado, mi esposa, de la Tatis y el resto de personas que indirectamente me auxiliaron y estuvieron ahí para mí. Por siempre agradecido.

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