Mi hermana menor cumplió 20 años y tengo un par de ideas que compartirle sobre cómo navegar los veintes sin perderse a ella misma en el transcurso.
Querida hermana,
Podría comenzar esta publicación contándote las cosas que vivía y pensaba a los veinte años, pero tus condiciones son distintas a las mías. Tu niñez y adolescencia ocurrió de otra manera, a pesar de venir del mismo ombligo.
Después de las pláticas que hemos tenido por chat este año, he notado que, para bien o para mal, coincidimos y también tenemos puntos en común. A tu edad vivía algunas cosas como las que estás atravesando, pero no tenía nadie quien me escribiera una carta como esta o me diera guía.
Claro, siempre hay gente que te recomienda hacer una cosa u otra, pero usualmente son consejos genéricos sin esencia o aplicabilidad. Cuando iba a terapia aprendí que el mejor consejo es el que está a la medida, como en los trajes o vestidos de sastre.
Además, los consejos que encontraba en los libros no me cuadraban del todo porque vivía con una idea constante que me generaba ansiedad: sentía que el tiempo se me estaba acabando y también que lo tenía en contra.
Quería vivir más, mucho más, con mayor complejidad; comenzar a tener responsabilidades; sentir que estaba en control. Quería vivir sin escuchar comentarios o recomendaciones. Lo quería hacer a mi manera, así estuviera mal o no tuviera razón. Forzaba mis vivencias. Veía al resto y por alguna razón me sentía presionado a hacer lo que hacían.
Trece (casi catorce) años después te puedo decir que estaba equivocado. Había entendido mal la mayoría de cosas. Me estaba apresurando sin razón. Tal vez era inmadurez, tal vez me sentía hundido, tal vez tenía un poco de razón en algunas cosas, pero quería forzar las cosas para sentir que estaba conquistando y "haciendo". Y bueno, comencé a mover casi todo en esa dirección.
No entraré en detalles porque no hace falta. Lo que pasó, pasó y no lo puedo cambiar. Lo que sí te puedo compartir es que haber forzado muchas cosas tuvo sus consecuencias y eventualmente me percaté que no estuvo del todo bien porque hay cosas que hice y dije de las cuales no me enorgullezco.
Tenía veinte años y fingía estar a la altura de las situaciones o broncas en las que solito me metía. Así me iba también. Fue frustrante, pero aprendí la lección; tarde, pero llegó la claridad, misma que hoy me tomo la libertad de sugerir, si es que buscás una salida.
No caigas en la trampa de sentirte presionada o apresurada. Las cosas se trabajan y eventualmente llegan o se conquistan. No hace falta que te quebres la cabeza intentando saber qué harás el siguiente año o en los próximos cinco. Se leerá medio cliché, pero con que tengas salud y busques hacer tu voluntad estarás más que bien.
No necesariamente tenes que seguir la ruta que siguieron tus hermanos mayores. Tampoco es necesario cambiarse de país si vos no lo visualizas en tu vida. Tampoco casarse o tener hijos. Tampoco terminar la U. Tampoco tener un trabajo.
Si lo analizas con detenimiento, uno se involucra en esas cosas, casi sin pensarlo, porque uno ve que el resto lo hace y uno dice: bueno, supongo que también me toca hacerlo. O la vida te pone en una situación complicada y te involucrás, pero nunca salís de ahí, no te detenés a pensar, no te das una pausa.
No caigas en ese juego decadente e infeliz. Conforme uno va conociéndose va descifrando el camino que uno quiere seguir. Hay una canción de Joan Manuel Serrat llamada Cantares que lo comunica muy bien:
Caminante, son tus huellas el camino y nada más.
Caminante, no hay camino: se hace camino al andar.
Al andar, se hace camino, y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Disfruta el camino. Mientras camines irás descubriendo tus metas y te podrás ir acercando a ellas, siempre y cuando le des la seriedad que ameritan.
Sé lo suficientemente flexible para no sentir que la vida misma te arrincona. No caigas en las trampas que impone la sociedad sobre cómo verse o pensar, pensá por vos misma.
Aprende a entender en donde estás parada usando tus sentidos. Lee a los grandes pensadores, pasados y presentes, quedate con lo que te haga sentido y deja para después el resto, tal vez después te hagan sentido.
Gustavo Cerati dice en una canción llamada Fuerza Natural: me perdí en el viaje y nunca me sentí tan bien. Hacé lo mismo. Perdete en el viaje y escuchá a tu alrededor. Tus sentidos irán descifrando el siguiente paso. Literal, dejá que la fuerza natural haga su trabajo, vos dejate llevar.
Entiendo que GT está mal y no me gusta ser el negativo de la historia, pero probablemente vaya de mal en peor, así como muchos otros lugares del mundo. Pero eso está fuera de tu control, no lo podés cambiar, así que enfocate en trabajar en vos primero.
Tengo claro que me largué y no vivo allá, por lo que escribir es más fácil que vivirlo en persona, pero justo porque reflexioné y entendí lo que quería para mí fue que llegué a la conclusión de irme. Pero esa fue mi decisión, si tal vez lo hubiera planteado de otra forma o las condiciones hubieran sido distintas seguiría allá y te estaría escribiendo esta carta desde otra perspectiva.
Obvio que pensar de esta forma tiene un costo. Puede que veas que otra gente "logró" cosas aquí y allá, que tal vez van más rápido que uno; puede que en algún momento te sintas sin logros o sintas que los estás alcanzando con lentitud. Tranquila, no hay prisa, la vida no es una competencia. Las condiciones de todos son distintas y cada quien va conquistando lo que se propone.
No todos tienen quien les sugiera tomar un tiempo para tomar aire, pensar y definir los siguientes pasos en su vida. La mayoría cae en la inercia de seguir haciendo sin ponerse a pensar cómo se sienten al respecto o si todavía tiene relevancia lo que hacen. Sócrates lo dejó súper claro: “Una vida sin examen no merece la pena ser vivida”.
Viajá ligera, tanto adentro como afuera. Los veintes se pasan rápido. Lo que sembres ahora es lo que cosecharas más tarde. La tierra a los veintes es fértil, conforme van pasando los años puede que cueste más cosechar, pero siempre sale algo o se encuentra una manera de sobrellevarlo. Tampoco creas que te estoy sugiriendo abandonarte, para nada, uno debe trabajar en sí mismo también, pero eso lo dejaré para otra ocasión.
Es tu vida, sé creativa, dale el color y el tono que vos queres, según tus valores, creencias y principios. Lo que piense el resto es su problema, es a tu tiempo. Si vos sentís que estás siendo congruente con vos misma ya lo estás haciendo bien. Si tal vez te descubrís siendo incongruente se vale volver a empezar, las veces que necesites.
Ojo que esto te servirá en los veintes. Conforme van pasando los años tenes que ir adaptando la estrategia para las condiciones que vas viviendo. Lo que te sirvió hoy tal vez te sirva mañana, pero puede que el año que viene ya no porque las condiciones cambiaron.
En fin, creo que lo que te quise transmitir está en los párrafos anteriores. No leas esta carta una sola vez, procuraré dejarla viva todo el tiempo que Google me permita para que la releas cuando necesites.
Felices veinte años, hermani. Que se vengan muchos años más. Espero y deseo que la vida me permita escribirte otra carta como esta en los años venideros porque de una vez te adelanto que la vida se pone interesante conforme le vas metiendo más variables y va cambiando. Ya lo iremos revisando en su momento.
Te quiero mucho, gracias por existir.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario